Adelanto de Boys South of the Mason Dixon

27.5.17




CAPÍTULO 1 Traducido por Alix

Dixie Monroe

La bolsa de papel estaba siendo aplastada en mi mano. El agarre de muerte que tenía en ella desde el momento en que me di cuenta de que la vieja camioneta Ford azul, avanzando lentamente a través de la luz amarilla, estaba causando que mi mano se adormeciera. No estaba lista para ver ese camión. Aún no. Steel me había advertido. No sobre esto.

Pero entonces de nuevo… Es posible que Steel aún no lo sepa. Miré por encima del hombro para ver si el camión seguía avanzando, para poder respirar de nuevo. Mi latido de corazón se aceleró cuando el camión se detuvo en un lugar de estacionamiento justo afuera de Harrod’s Pharmacy. Estaba saliendo. Era él.

Sabía que necesitaba apartar la mirada. No quería que me atrapara mirando. En serio, era patético. Completamente ridículo y triste. Asher Sutton me había destruido. No debería reaccionar más a él y yo claramente no debería preocuparme más de que su rostro todavía era una perfección esculpida y su cuerpo el sueño de toda mujer.

Antes de que pudiera reunir mis modales, controlar mi reacción ante él e instintivamente di un paso fuera de su línea de visión. La puerta de su camioneta se abrió de par en par, largas piernas vestidas en vaqueros pisando el pavimento. El pelo oscuro que usaba para correr mis dedos fue cortado, destacando su rostro afilado, el rastro de barba cubría su mandíbula haciéndole parecer un peligroso ángel. La camisa de franela que llevaba estaba desteñida y ajusta sobre su pecho. Un pecho que conocía muy bien, era suave y con cuadros de músculo.

—No vayas, Dixie. —Scarlet North, mi mejor amiga desde la secundaria, me susurro al odio. Su mano se sujetó alrededor de mi brazo y me halo con fuerza, lo suficiente como para sacarme de mi estúpido adormecimiento.

—Malo. Recuerda eso, Dixie. Ese hombre es malo. Es más hermoso que cualquier hombre tiene derecho a ser en el planeta. Pero él es el diablo. Tú lo sabes. Además, no te olvides de Steel. Ahora estas saliendo con el hermanito de Asher. —Sus últimas palabras fueron un murmullo. Sólo yo podía oír lo que decía. 

Los chismes en una pequeña ciudad eran malos. En Malroy, Alabama, fue peor que malo. El lugar era un centro de chismes. Todo el mundo sabía todo y todo el mundo estaba en los asuntos de todos. Había una muy buena oportunidad, justo allí, en la avenida principal, de que la gente mirara desde sus ventanas para ver si yo echaba un vistazo al camino de Asher. Hubo bastantes habladurías sobre nosotros en Malroy para toda una vida y dos años de Asher estando lejos en la universidad no cambió nada.

—Yo no sabía que iba a volver a casa, —le dije, simplemente tratando de parar mi ritmo cardíaco al ver a Asher por primera vez en años. No vino a casa el verano pasado. Se quedó en Gainesville, Florida, tomando clases de verano y parecía haberse olvidado de Malroy.

—Es probable que sólo este aquí para ver a su mamá. Se irá pronto, ya verás. Steel te hubiera dicho si Asher regresara a casa para el verano, —me aseguró Scarlet.

Me las arreglé para asentir mientras agarraba mi bolsa de papel arrugada delante de mí como un escudo. Asher estaba de vuelta y yo no sabía cómo reaccionar. ¿Qué se supone que debería esperar? ¿Seguiría fingiendo que no existo? ¿Podría incluso hacer eso ahora que estaba con su hermano? ¿Le diría Steel? ¿Asher se preocuparía?

No, no lo haría. Lo sabía muy bien. Asher no le importaba en absoluto. Le había dejado muy claro a todo la ciudad que ya no me quería. A él no le importaba quién me tenía ahora. El termino conmigo. Pasé de ser la mitad de la “pareja de oro” a la chica desechada que seguramente debió haber hecho algo horrible para que Asher la alejara y nunca mirara hacia atrás. Sucedió tan rápido, todavía no tenía sentido para mí.

Había sido mi refugio seguro. Estaba segura de su amor. Le di mi inocencia a Asher creyendo en mi corazón que él sería mi para siempre, mi primero y único. Pero me tomo por sorpresa dejándome sin ninguna explicación.

Las personas que pensé eran mis amigos creían que había sido mi culpa, que hice algo imperdonable y rápidamente me dieron la espalda. Todos adoraban a la estrella de fútbol que había puesto a nuestra ciudad en el mapa, el niño que llevó a nuestro equipo a un campeonato estatal dos años seguidos. No podía hacer malo ante sus ojos. No habían perdido el tiempo al tomar partido. Todo el mundo menos Scarlet. Ella era mi una amiga verdadera.

—Es un gran idiota. Creído. El gran y poderoso Sutton, —gruño en su dirección.

Rodé mis ojos y me volví para mirarla. —No actúes como si ser un chico Sutton fuera algo malo. Estás tan enamorada de Brent Sutton que no puedes ver en línea recta, —le señale.

Ella sonrió, luego se encogió de hombros y se rio. —Sí, bueno, todos los chicos Sutton no están mal. Solo él en particular.

Estuve de acuerdo con ella. Los chicos Sutton eran parte de mi vida. Siempre lo habían sido y siempre lo serían. Nuestras granjas estaban una junto a la otra y nuestras familias permanecían entrelazadas.

El minúsculo diamante de mi mano izquierda brillaba bajo la brillante luz del sol mientras lo levantaba, —No, no todos son malos, —dije. —Uno o dos son bastante decentes.

Scarlet soltó un suspiro y sacudió su cabeza. —¿Por qué llevas eso? ¿Creía que aún lo estabas pensando?

Eche un vistazo a la camioneta azul de Asher, incapaz de fingir que no estaba allí. Mi corazón se retorcía dolorosamente en mi pecho. Todavía tenía un loco agarre sobre mí, y ninguna cantidad de plática podía hacer nada al respecto. —Quería ver como se sentía, —admití tímidamente, antes de echar un vistazo al anillo que Steel me había dado hace dos semanas. No había sido una propuesta tradicional. Nuestra relación era complicada. Y esa camioneta azul me recordó por qué no le había podido decir “si” a Steel.

—Deja de buscarlo, —gruño Scarlet en frustración.

—¿Crees que le importará… sobre el anillo? —Sólo dejé a Scarlet ver cuán increíblemente vulnerable me hacía sentir Asher todavía. 

—Oh, Dixie, —suspiró y me dio un abrazo. —Sabes que no lo hará. Han paso tres años. Tienes que dejar ir a Asher para siempre.

—Déjate amar a Steel. Él te ama. Sé la chica que se merece, —respondió. Scarlet se alejó para mirarme. Sus dos manos descansaban sobre mis hombros. —Asher Sutton te rompió el corazón. Se merece que lo olvides. Steel Sutton, por otro lado, te adora. Y no es nada como su hermano mayor. Te dio un anillo, cariño. Es hora de que tu corazón a Sutton y se enamore de aquel que lo merece.

Sabía que tenía razón. Simplemente no estaba segura de por dónde empezar. No cuando todo todavía me recordaba al que no me amaba.

Hace cuatro años…

Me senté pacientemente en el camión de papá mientras llenaba el tanque de diésel con gasolina. El estacionamiento de Jack’s había empezado a llenarse. Jack’s era un billar, que también era un bar, o tal vez era al revés. Un bar que también era un billar. No estaba segura porque nunca había estado allí. Si mi papá supiera que yo estaba aquí –y lo habría averiguado rápidamente porque Jack lo habría llamado- él tendría un ataque.

La única razón por la que me gustaría ir a Jack’s de todos modos era debido a la camioneta pickup azul que estaba estacionada fuera del lugar. Había visto tres de los cinco chicos Sutton que salían de ella y entraban en el establecimiento. El único que me importó, sin embargo, había sido el conductor. Asher había entrado como si fuera el dueño del lugar. Todo sonrisas y demasiado sexy para palabras en los pantalones vaqueros que había estado usando. 

Tenía esos vaqueros hoy en la escuela. Me había fijado en ellos, así como la playera de fútbol Malroy Bears que había usado. Todos los días desde el primer día de clases, Asher se aseguró de caminar conmigo por lo menos a algunas de mis clases. Sabía que solo lo hizo para protegerme y funcionó. Emily James no me había acosado de nuevo, y solo por eso, la escuela estaba resultando mucho más fácil de lo que la escuela media había sido para mí.

El día que me había subido a su camioneta con la ropa de gimnasio apestosa y más grande de otra persona, me había cambiado para siempre. Me había vuelto más confiada al tratar con las bromas crueles de Emily y en algún momento, simplemente se detuvieron. El último día de la escuela media me había tropezado. Yo estaba caminando por el pasillo por última vez con mis brazos llenos con las cosas de mi locker. Cuando caí, cuadernos, lápices e incluso algunos tampones volaron en el aire, aterrizando a mí alrededor. Pero eso había sido y aparentemente su último acto de crueldad hacía mí. Ahora era Octubre y en una semana cumpliría quince años. Emily nunca me había vuelto a mirar desde que había empezado la preparatoria hace dos meses.

Scarlet me había escrito que iba a ir a Jack’s esta noche. Quería que fuera con ella, mentirles a mis padres, que era común para Scarlet, pero no para mí. Ella lo sabía antes de que me preguntara. Pero de todas formas me pregunto como siempre. Ahora sentada aquí y mirando a Asher entrar, me hizo desear ser más valiente, más salvaje y no me importó tanto dejar a papá.

De todos modos ella me lo contaría todo mañana. La chica que Asher llevaría a su camioneta. Con quien los gemelos Brent y Bray Sutton terminaron su noche caliente. Ella, Scarlet, desde la oscuridad. O delante de todos. A ella no le importaba. A pesar de que tenía su ojo puesto en Steel Sutton estos días. Tenía nuestra edad, y él era el chico Sutton que perseguían las chicas de nuestro grado.

—¿Estás bien con pollo frito? Jack está cocinando pollo frito. Puedes correr a la parte de atrás y conseguir una cubeta. También conseguir algunas de sus papas fritas. Estamos por nuestra cuenta esta noche.

Mamá iba a la iglesia los miércoles por la noche. Su grupo de señoras empaquetaba los alimentos y los entregaban a los necesitados cada semana. La verdad era que ella nos hubiera hecho de cenar si papá lo hubiera permitido. Pero insistió en que comiéramos fuera, así ella no necesitaba cocinar cada noche y así lo hicimos. Cada miércoles por la noche, sólo nosotros dos, y por lo general era algo frito.

—Está bien para mí, —contesté, una pequeña emoción de que posiblemente viera a Asher de nuevo, hizo que mi corazón se acelerar. No quería actuar excesivamente entusiasmada con el pollo de un bar, o papá habría sospechado.

—Déjame usar tu teléfono, —dijo extendiendo su mano hacia mí.

No tenía nada que ocultarle, así que le di mi teléfono sin dudarlo.

Papá tomo mi teléfono y llamó a Jack, diciéndole lo que queríamos. —Mientras tu mamá no está, podríamos vivir así. ¿Crees que puedes preparar un poco de té dulce?

Últimamente, mamá estaba comiendo saludablemente. No duraría mucho porque nunca lo han hecho, pero quería que papá consumiera menos azúcar y grasa, que eran las cosas que más disfrutaba. Dijo que viviría más tiempo de esa manera. Pero acababa comiendo cada vez que ella no estaba cerca. Como esta noche, por ejemplo.

—Sí, yo puedo. —Puede que yo también. Si dijera que no, iría por una cerveza de la caja que escondía en el granero. De la verdadera, no la versión light que mamá compró para él.

Aunque la oportunidad era poca, vería a Asher desde la parte de atrás, donde entraría y Jack enviaría a un mesero, todavía no podía evitar que me mareara por la posibilidad. Lo había visto hoy en la escuela, y aunque me había hablado y caminado conmigo a tres de mis clases siempre interesado en lo que estaba aprendiendo, mis notas y mis nuevos amigos, yo no podía esperar a verlo de nuevo, porque incluso cuando todo el mundo alrededor de nosotros estaba llamando su nombre, tratando de llamar su atención, Asher solo prestaba atención a mí.

—Pídele a Jack que nos dé más de esa salsa especial que hace, —añadió papá mientras saltaba a la camioneta. Él debe de estar hambriento por el sodio extra y una abundante dosis de colesterol.

—Está bien, —contesté pensando sobre toda la mayonesa y la grasa en esa salsa especial y lo infeliz que sería mamá por eso. Pero yo haría lo que él me pidiera y lo haría feliz. Además, me daría más tiempo para estar allí mientras el mesero conseguía la salsa, que me daba una mejor oportunidad para conseguir un vistazo de Asher.

La gran y pesada puerta de madera había sido pintada de rojo años antes que yo naciera, era una vista familiar para mí. Sólo había a Jack por la puerta trasera. Y sólo cuando papá me trajo aquí. Me gustaba conseguir la comida, luego pagar y salir. Nunca llegué a entrar por la entrada principal porque papá no me quería en un bar. A los estudiantes de secundaria no se les servía alcohol, pero se les permitía entrar. Todo el mundo excepto yo porque Jack me sacaba.

Brandon Heely estaba de pie justo en el interior de la puerta, con una bolsa de comida que sabía era nuestra. —Oye, Brandon, —le dije cortésmente. Había estado trabajando aquí durante años, a pesar de que debía haber estado en la universidad ahora. Pero él no lo estaba y probablemente nunca lo estaría porque prefirió voltear hamburguesas en Jack’s y montar su moto alrededor de Malroy, fingiendo ser el patea traseros que él quería ser, pero nunca podría ser.

—Hey Dix, aquí tienes tu orden.

—Gracias, —respondí acercándome. —Papá quiere agregar un poco de salsa especial extra, —añadí rogando que tuviera que ir al frente para conseguir algo del refrigerador.

Brandon se rio entre dientes. —Esta es la tercera vez que lo ordena en la semana. Jack dice que tu mamá lo tiene a dieta. ¿Es eso cierto? Porque no funciona si me lo preguntas.

¡Tercera vez! ¡Jesús! ¡Papi! No me había dado cuenta de que se estaba escapando por comida grasienta al bar tan seguido.

—Sí. Ella eventualmente se rendirá o lo atrapará.

Brando sonaba divertido. —Quédate aquí. Voy a buscar la salsa.

Esta era mi oportunidad. —Está bien.

Cuando se volvió para irse, lentamente lo seguí detrás de él. Me arrastré más cerca de la puerta que se balanceaba y justo cuando pensaba que no iba a ver nada antes de que se cerrara en mi cara, vi a Asher, de pie en la mesa de billar, con una sonrisa en sus hermosos labios. Su brazo estaba apoyado en Andrea James, la hermana mayor de Emily. Ella estaba apoyada en él, disfrutando y Asher haciendo lo mismo. Trabajaba aquí, tenía por lo menos veinte años y como su hermana Emily, era hermosa y curvilínea. Ahora oficialmente la odiaba.

Andrea estaba en tacones, haciéndola casi tan alta como Asher. Ella se inclinó para susurrarle al oído cuando la puerta se cerró y bloqueó mi vista de ellos. Me alejé lentamente. Ya había visto suficiente. Sabía que Asher era popular entre las chicas mayores. Era popular entre todas las chicas, sin importar su edad. Todas lo deseaban porque lo tenía todo: aspecto, encanto y misterio. Pero lo quería por otras razones. No importaba de todos modos. Yo era una niña para Asher, que estaba siguiendo para mantenerme a salvo y protegerme de los matones de la escuela. Yo sólo era un caso de caridad para él y lo sabía.

Brandon regreso por la puerta con dos contenedores de su famosa salsa. —Aquí tienes. Jack dijo que le dijera al anciano que mejor no tape sus arterias y que tu mamá venga aquí preguntando por qué.

Forcé una sonrisa. —Lo haré. Gracias Brandon. Ten una buena noche, —dije antes de girarme para salir corriendo con nuestra orden. Me alegré de no haber venido con Scarlet. Había visto bastante por esa puerta para durar meses. No necesitaba ver más. Mi corazón no podía soportarlo.

Abrí la puerta y puse la bolsa en el asiento. Papá saco la orden por la mitad para mirar dentro, mientras subía de nuevo a la camioneta. —¿Conseguiste salsa extra?

—Sí señor. ¿Pero tres veces en esta semana? ¿En serio? Tienes que decirle a mamá. Su régimen de comida saludable te está haciendo comer aún peor. La comida grasienta del bar no está destinada a ser consumida más de una vez a la semana, papá. E incluso eso es mucho para ti. Lo suficiente para matarte.

Papá suspiro. —Preferiría comer la comida grasosa de tú mamá, pero ella dejo de freír cosas.

—Eso es porque ella quiere que vivas mucho tiempo. La cocina de Jack no lo hará.

—No voy a discutir contigo sobre esto. Tu madre me da suficientes dolores. Mi abuelo comió comida frita y carne cruda hasta su cumpleaños noventa y seis, cuando él se fue para estar con el Señor. Estoy bien. Buenos genes.

Mi bisabuelo había vivido una larga vida y no podía discutir con eso. Suspiré y apoyé mi cabeza en mi asiento. Quería pensar en Asher, torturarme a mí misma repasando lo que había visto en Jack’s, pero sabía que tenía que volver mis pensamientos a otra cosa. Cualquier otra persona, no a un chico Sutton. Porque todos me recordaban a Asher. Incluso el más joven que parecía parte nativo americano. Su madre también se parecía. El resto escupían imágenes de su padre. Mi papá siempre decía: “Vance Sutton se reproduce y hace gemelos de sí mismo”

Vance Sutton debió ser muy guapo porque no tenía ni un hijo feo. Todos eran sorprendentes. Simplemente no todos eran Asher. Realmente necesitaba dejar de pensar en él…

—Dime qué quieres para tu cumpleaños la próxima semana, —preguntó papá cambiando de tema.

Quería que Asher Sutton nota que yo ahora tenía tetas y curvas y que ya no era una niña pequeña. Quería que Asher Sutton me viera como algo más que una niña indefensa que necesitaba que él la protegiera de las personas malas. Pero éstas eran todas las cosas que papá no podía darme. Nadie podía.

—Poner lo que sea que ibas a gastar en mi cuenta de ahorros para un auto.

Papá suspiro. —¿Cuánto has ahorrado? Has estado trabajando y ahorrando por un par de años y aún te queda un año más. Creí que ya tenías suficiente. Te dije que lo dividiríamos. Sea lo que sea que ahorres. En partes iguales.

No estaba segura de lo que quería aún. Para estar segura, estaba ahorrando todo lo que podía. Si tuviera dinero extra al final, podría usarlo para cualquier problema que tuviera el auto más tarde. No necesitaba nada más.

—Voy ahorrar hasta cumplir dieciséis años. En este momento, el saldo de mis ahorros es de cinco mil, incluso con intereses.

Papá soltó un silbido. —¡Señor, chica! Voy a tener que sacar un préstamo para poder poner la otra mitad a ese ritmo.

Por supuesto estaba bromeando. Le respondí. —Supongo que es mejor que empieces a ahorrar también.

Eso provoco le provocó una profunda risa. Sonreí e inhalé el olor grasiento de pollo que llenaba el aire. Puede que no tuviera a Asher Sutton, pero tenía una buena vida y estaba agradecido por eso.

CAPÍTULO 2 Traducido por Valeria

Asher Sutton

Mamá no me había dicho que el doctor quería medicarla por la presión arterial. Había estado tranquilo, mientras que Frank Harrod me dijo lo contento que estaba de que mamá hubiera decidido tomar el medicamento. Me había dicho lo peligroso que era, a su edad, no tratar la presión arterial alta. ¿Por qué demonios no me había llamado el doctor John antes?

Saqué mi camioneta en el camino de grava fuera de la casa de campo en la que había crecido y respiré hondo. No había estado aquí desde Navidad. Incluso entonces me había asegurado de que mi visita fuese breve. Había querido correr lo más lejos posible de aquí. Los recuerdos perseguían el infierno fuera de mí estaba en este lugar. 

Un fuerte estruendo me sobresaltó y gire mi cabeza alrededor para ver a Bray sonriéndome como un tonto. —¡Estás en casa, hijo de puta! —dijo agarrando la puerta donde la ventana se bajó.

Bray era sólo doce meses menor que yo y verlo sonreír era raro. Fue uno de dos. Brent era su gemelo y él era el único feliz. Una sonrisa siempre estaba en el rostro de Brent mientras Bray normalmente tenía el ceño fruncido. Bray no era muy entusiasta. Lo que sólo me hizo sentir culpable por estar lejos tanto tiempo, viéndolo sonreír así. 

Abrí la puerta y tomé la bolsa con las medicinas que había recogido y decidido a forzar a mamá a tomar. No podía perderla. Había un montón de mierda en mi vida, pero mi mamá era la única persona de la que dependía. Me gustaría decir que nadie sabía que era un niño de mamá, pero la verdad era que todo el mundo sabía. Pero entonces, no era sólo yo. Mis cuatro hermanos amaban a nuestra mamá. Ella era nuestro hogar. Sabíamos que mientras ella estuviera en esta casa, teníamos un lugar seguro al cual ir.

—No te emociones demasiado de verme. Pensare que me extrañaste —bromeé a Bray, quien sólo sonrió más. Sin ocultar mas el hecho de que estaba complacido de verme en casa. 

—Al diablo con eso. Me alegro de que estés aquí. Ya era hora de que regresaras. 

—¡Santo infierno! Ese no puede ser mi hermano perdido que piensa que es demasiado bueno para volver a casa —llamó Brent desde el porche antes de agarrar la barandilla y balancear las piernas otra vez en un movimiento rápido que todos habíamos perfeccionado de todos los años de saltarlo. Cuando sus pies tocaron el suelo, tomó varios pasos largos, antes de tirar de mí en un abrazo. 

Por mas contento que estaba Bray de verme, no había estado tan emocionado como Brent. Él me dio una palmada en la espalda y dio un paso atrás. —Mamá va a ser la mujer más feliz de Malroy —dijo Brent. 

—No, la mujer más feliz en Malroy es Jenny Wilson. Pasé unos buenos treinta minutos con mi cabeza entre sus piernas anoche. 

—Hombre, maldición, no acabas de decir eso —respondió Brent, sacudiendo su cabeza.

Yo solo reí. Echaba de menos esto. Estar lejos de mi familia y este lugar era tan condenadamente difícil por momentos. Incapaz de evitarlo, levanté la mirada para contemplar el campo hacia la cerca blanca que rodeaba la casa justo en el borde. Me pregunté si ella todavía vivía ahí. Si parecía mayor... Joder, de donde venia eso? Sólo aquí pasaba esto. No me dejaba ir allí, esos pensamientos eran tan peligrosos, destructivos y completamente inútiles.

—Mamá está adentro preparando algo de mermelada de fresa. No dejará que ninguna de esas fresas se echen a perder, por lo que ha estado trabajando durante dos días. Tendremos buena mermelada de fresa con nuestras galletas durante todo el año.

—Contigo estando en casa, podemos conseguir que use algunas de estas bayas para hacer tartas fritas- dijo Bray.-He estado queriendo esas tartas fritas. 

Quería hablar con mamá a solas. Ésta mierda con ella no queriendo tomar su medicación era grave y tenía que arreglarlo. Entonces tendría que irme. Correr como el infierno porque en éste momento lo único que quería hacer era mirar hacia atrás en la valla blanca.

-¿Dónde están Steel y Dallas?- le pregunté a Brent mientras caminamos hacia el porche. 

-Uh- contestó y volvió a mirar a Bray antes de responder. Conocía esa mirada. Algo estaba pasando. Joder. Había estado fuera demasiado tiempo. ¿Qué otra mierda tenía que arreglar antes de que pudiera irme? 

-Uh, probablemente en la tienda de alimentación. Estábamos mínimos en algunas cosas. Steel dijo que iría a buscarlo. Dallas fue con él. El camión blanco se ha ido, no lo veo —respondió Brent. Estaba mintiendo. Su tono de voz siempre lo delataba. 

-Hijo de puta, apestas en eso —dijo Bray sacudiendo la cabeza y caminando junto a nosotros. Él tomó los pasos de dos en dos y luego se dirigió a la puerta principal como si él tuviera prisa para escapar de todo detrás de él. 

-¿Qué me estoy perdiendo? Porque definitivamente que me estoy perdiendo algo —le dije parando en los escalones y mirando desde la expresión de ciervo de Brent ante un faro a la espalda rígida de Bray. 

—Sólo cuéntaselo —dijo Bray, sin mirar atrás hacia a mí. 

Brent no dijo una palabra y todos nos quedamos parados durante unos momentos, el silencio era ensordecedor, llenando el aire con tensión, grité—Si hay algún problema con uno de ellos, necesito jodidamente saber. 

Bray dejó caer la mano de la puerta y se volvió hacia mí. Las dudas que había visto en el rostro de Brent no estaban en su gemelo. Había una mirada molesta en su lugar. —Están bien. Todo el mundo está jodidamente fantástico. Así que calma a tu mierda — dijo cambiando su mirada de mí para el patio detrás de mí mientras suspiraba. Podía verlo tratando de controlar su temperamento. Esa era otra cosa en la que los gemelos diferían. Brent no lo perdía fácilmente. Infierno, tenías suerte si realmente podías cabrearlo. Pero Bray él era un arma cargada. Él volaría el infierno para arriba realmente fácil. Rescaté su culo más veces de lo que me gustaría admitir. 

—¿Dónde están? —repetí mirando a Bray. 

Bray no miró hacia mí. El músculo de la mandíbula marcado mientras mantenía la mirada fija en el patio vacío. Pensaba en esto a través de lo que fuera. No me gusta que me hagan esperar, pero yo tampoco quería volver a casa y terminar en una pelea en el patio delantero con mi hermano antes de dar siquiera a mi mamá un abrazo. 

—Steel ha estado saliendo con Dixie por casi un año —dijo Bray, habló con calma pero con la advertencia de no se vayan perder que yo había oído en su voz. Estaba protegiendo a nuestro hermano menor. Pero no tenía idea de lo que le estaba protegiendo. 

Todo junto a mi comenzó a moverse y me agarré la barandilla junto a mí para sostenerme. Esto no estaba sucediendo. Me había ido para proteger un secreto... para proteger a Dixie. Pero esto... Santa mierda.. Que había echo? 

Había caminado por el infierno y yo todavía estaba caminando a través de él por tres largos años. Cada sueño en el que ella aparecía me recordaba que nadie más volvería a ser suficiente. El engaño había arruinado mi vida. No dejaría que arruine la suya y les aseguro que no dejaría que arruine la de Steel. 

—No arruines esto para él. Él te adora. Haría cualquier cosa por ti. Pero él la ama.—dijo Bray, advirtiéndome a través de su mirada. 

Él no sabía lo que estaba diciendo. Ninguno de ellos lo hacía. Nadie sabía más que yo. No estaba a punto de perder mi mierda por celos. Había aprendido a vivir con los celos que me comían vivo cada vez que pensaba en que alguien la tocara. 

—¿Han...? —Ni siquiera podía decirlo. Mi garganta se cerró y quería gritar a la crueldad de éste mundo. La opresión en el pecho y latidos de rabia en mis venas eran emociones que conocía bien. Emociones que no debía estar sintiendo. La idea de Dixie acostándose con alguien más me destrozaba pero entonces había estado viviendo esa pesadilla durante tres largos años de mierda. No debería estar celoso. Debería estar enfermo. Debería estar horrorizado de que mantener la boca cerrada llevase a esto. Debería ser un maldito montón de cosas, pero lo único que podía pensar era en Steel tocando a mi Dixie, mi jodido hermano.

—¡Mierda! —rugí caminando al campo, necesitando distanciarme de todos presentes. El corazón me latía con tanta fuerza que parecía que estaba a punto de salirse del pecho. La gama de emociones agitadas a través de mí golpeó en la cabeza—. ¡Puto infierno! —grité tirando la bolsa de las medicinas de mi mamá al suelo y agarrando mi cabeza para que no explote. 

Mis rodillas se debilitaron y me puse en cuclillas descansando los codos en los muslos y la coronilla de la cabeza cuando el dolor se disparó a través de mí. El dolor del que me había esforzado tanto para escapar. Me había ido para protegerme a mí y a ella. Estar aquí era demasiado duro. Pero con el fin de salvarla de la misma pena que me perseguiría el resto de mi vida, tuve que dejar a mi hermano caminar en el mismo pecado horrible. No lo había protegido. Santo infierno, ¿cómo podría decirle esto? ¿Cómo iba a dejar que se convierta en la cáscara de la persona en la que me había convertido? 

—¿Asher? —La voz de mamá sonó alto y claro sobre el patio delantero y dejé que mis manos cayeran mientras miraba hacia ella. Estaba de pie en el porche delantero con su delantal puesto y las manos en las caderas. El aspecto pellizcado en su rostro significaba que estaba molesta. Las manchas rojas teñidas de todo el delantal me recordaron momentos felices. Los días en que esconder una baya sin que mamá me viera era el único problema que tenía. 

—¿Ustedes dos tenían que ir y decirle antes de que incluso se pusiera en la puerta? Ustedes, mierdecillas. No he visto a mi hijo desde la Navidad y van y lo molestan —regañó mamá a Bray y Brent antes de sacudir la cabeza y apuntando hacia mí—. Levántate de ahí, por el amor de Dios. Eres demasiado grande como para actuar como un niño de cinco años de edad haciendo un berrinche. Ven a ver a tu mamá y luego me dicen por qué demonios fuiste a buscar medicinas para mí que yo no pedí. Te voy a hacer un pastel frito mientras me lo explicas —dijo en un tono que todos sabíamos lo que significaba—. Y ustedes dos —dijo, agitando la toalla en las manos entre los dos de ellos—. Todos ustedes deberían avergonzarse. No es la manera de hacer las cosas. 

Me puse de pie dejando que el entumecimiento se arrastrarse sobre mí. Era la única manera de la que podría salir de esto. Tomé la decisión hace tres años y ahora mi hermano pequeño sería el que ahora pagaría por mis errores. El agujero negro en mi pecho donde mi corazón solía estar crecía mientras recogía la bolsa de medicinas de mamá. Sin permitirme seguir pensando en eso, caminé lentamente hacia el porche y a los brazos abiertos de mi mamá. Cuando su hijo de metro ochenta la abrazó con fuerza, las lágrimas le escocían los ojos. No había llorado desde la noche en que me di cuenta de que lo había perdido todo. O más exactamente, la noche en que me di cuenta de que nunca había sido mía. Pero tener a mamá para que me abrazase me dio ganas de romperme, pero me mantuve fuerte como el hombre que esperaban que fuera.

Cuatro años atrás… 

Me gustaban las chicas. Mejor aun. Amaba a las chicas. Amaba todo sobre ellas. Como olían, su piel suave, sus cuerpos con curvas, el sonido de su risa. Dios puso chicas en esta tierra para hacerla un lugar mas brillante. Verdaderamente creía eso.

El problema con eso era que amaba a todas las chicas. No era exigente sobre ellas, no podía escoger solo una cuando habían tantas de ellas para escoger. Cuando tocaban mi brazo, susurraban en mi oído, prometían con su boca lo que sus cuerpos harían, no sabia como rechazarlas.

Ahora y entonces, tenia el amor de una chica que pensó que me cambiaria para bien. Asegurarme que la querría a ella y solo a ella. Pero tan pronto como se dio cuenta que no era hombre de una mujer, toda su dulzura se convirtió en amargura, la fealdad salió y rápidamente me moví a la siguiente. Trataba de evitar ese tipo de chica, pero a veces atravesaban mis defensas.

Andrea James tenia un toque de amargura justo bajo su superficie. Estaba ahí. Lo había sentido de inmediato. Tenia curvas en todos los lugares correctos y olía como un sueño húmedo, pero había visto la mirada en sus ojos antes y no estaba dispuesto a probarlo. Hice excusas, culpando a mamá, diciendo que me necesitaba en casa. Ni siquiera Andrea James era lo suficientemente valiente para enojar a mi madre. Después de eso, me dirigí fuera de la puerta. Jack’s Place era todo lo que teníamos en el pueblo. Por un buen tiempo, era a donde íbamos. Esperaba a al universidad donde un bar con mesa de billar no fuera lo único para entretenerme.

-Estas seguro de que tu mamá no te va a dejar quedarte mas tiempo?- Andrea llamó desde la puerta de Jack’s mientras me subía a mi camión.

Quería responder, “Estoy seguro de que me dejaría pero tienes esa locura en tus ojos con la que no estoy dispuesto a jugar” Siendo un chico agradable y todo, respondí “Sí, estoy seguro. Prometí que la ayudaría a colgar algunas estanterías” eso era una mentira, pero algunas veces una mentira era necesaria para salvarte de un desastre inminente.

Lastima que Andrea James era del tipo loca. Supongo que debí haberme dado cuenta antes de haberla dejado subirse sobre mi. Su hermana menor era una verdadera perra. Sabia que eso era un echo. Una vez me dijeron que había estado molestando a Dixie, me había asegurado de que eso no volviera a pasar. Dixie era la chica del tipo mas dulce. La clase a la que mirabas, querías acercarte pero sabias que no debías. No era la clase de chica que llevabas a tu camión. Ella nunca seria esa chica.

Sabia que pasaba mucho tiempo mirando a Dixie. Me gustaba estar tan cerca de ella como podía. Dixie olía dulce, reía con mas brillo, hablaba con mas suavidad y sus ojos veían mas profundo que cualquier otra chica que conociera. Era difícil ignorar a Dixie Monroe. Y si fiera mas joven, no estaba seguro de que fuera capas de mantenerme lejos de ella. Pero no era mas joven, era tres años mayor que ella y no tenia porque mirar en su dirección. En su lugar, me dejaba a mi mismo disfrutar cosas inocentes de ella. Pequeños momentos que pasaba en su compañía. Eso era suficiente para mi. Y como siempre, justo antes de girar hacia el camino sucio, el que se dirigía a mi hogar, mire hacia la casa de Dixie. Este era una de las cosas que disfrutaba de ella. Porque a veces no veía nada, pero a veces veía piscas de su vida, piscas de su vida, piscas de ella, y no podía mirar en otra dirección.

Hoy tenia suerte. La luna llena frente al porche iluminaba su casa y jardín. Y Dixie se sentaba en el borde de su porche, con sus pies descalzos y rodillas debajo su quijada, sus ojos en mi dirección mientras conducía pasándola. A pesar de que estaba muy lejos para ver la reacción de su cara, pero sabia que reconocía mi camioneta, y no miro en otra dirección.

Bray juraba que Dixie tenia un enamoramiento por mi, el había estado diciendo eso por años. No sabia porque ya que Steel tenia su edad y el era popular en su grado. Sabia que si ella mostraba algún interés, el saltaría a la oportunidad de hacerla suya.

Algo me hizo parar el camión en la mitad del camino, estacionarlo y mirar devuelta a Dixie Monroe. Sabia que entrar en su recibidor y caminar hacia ella no era una buena idea. Quería acompañarla, escuchar su risa y ver su sonrisa, solo estar junto a ella por un corto tiempo, pero sabía mejor.

En su lugar, decidí quedarme dentro de mi camioneta. Dejar que mi presencia le comunicara todo lo que no podía decir. Que la veía. Que quisiera que las cosas fueran diferentes. Pero por nuestros bienes, era mejor que me quedara en mi camioneta. Era demasiado mayor para ella. Y nada podía cambiar eso.

Pensé que un día, cuando ambos fuéramos adultos, los tres años entre nosotros no importarían mas, pero estaría enamorada entonces? Tal vez planeando casarse con alguien de por aquí. O iría a la universidad y conocería a un chico allá? Alguna vez tendríamos una oportunidad? No me gustaba pensar que nunca tendría una.

La mirada de Dixie se centro en mi camioneta. Permanecí estacionado en el camino sucio camino, abriendo la puerta de mi camión y saliendo para apoyarme sobre este. Con nada mas que oscuridad entre nosotros y nada mas que la luna haciéndome visible para ella, cruce mis brazos sobre mi pecho y solo la observe de vuelta.

Por una vez, deje que todos mis pensamientos se desviaran a todos esos, “y si”, nunca dejaba que mi mente divagara. Me preguntaba que pensaba Dixie en este momento. Ella no se movió y no miro a otra dirección. Muchas chicas habían intentado cambiarme, pero sabia que Dixie era la única chica por la que cambiaria. La única chica que necesitaría.

Cuando se paró, su movimiento repentino me saco de mis pensamientos. Nuestro juego de miradas se había acabado. Quería que se quedara ahí mas tiempo. Hacer este momento entre ambos durar tanto como pueda. Pero sabia que no debería, por mas inocente que hubiera sido.

Por un segundo, pensé que caminaría hacia mi. Parte de mi deseo que lo hiciera, a pesar de que no tenia idea de que diría si hiciera. Las palabras no eran necesarias durante este momento perfecto entre nosotros. Pero ella no vino hacia mi. Solo levanto su mano, me dio un pequeño saludo, y camino dentro de su casa sin mirarme de vuelta. Espere hasta que la luz en su habitación se encendiera, y solo entonces me subí de nuevo en mi camioneta y conduje lejos. Algo paso entre nosotros esa noche, algo cambio, y a pesar de que no intercambiamos palabra alguna, ambos sabíamos que las cosas no serian lo mismo de nuevo.

12 comentarios:

  1. Estaba enamorada de este libro antes y quedé con mi corazón roto después que no quedaron juntos, fue horrible enserio,realmente,realmente espero que en el libro de ahora se solucione todo por que no creo ser capaz de leer otra vez que no quedaron juntos. Ya quiero leer💕😭

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  2. Será k tendrá el mismo final k el primero k publicó?

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    1. Aun no lo leo, pero estoy segura que no es el mismo final...

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  3. Sera el mismo libro? o algo cambiara en la historia?

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    1. Este es el libro, el publicado anteriormente solo en era una parte :) Aquí tendrás escenas nuevas!

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  4. cuando estara el libro???

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  5. DESEO DE CORAZON QUE QUEDEN JUNTOS

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  6. hola! Cuándo estará el libro? Cuál es el otro libro del que hablan? Soy nueva con esta serie y amo a Abbi glines solo que por razones de universidad no puedo seguirle el hilo jajaj gracias

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  7. Hola!! cuando va a estar el libro traducido???

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  8. Hola como se llama el primer libro? donde no terminan juntos

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