Adelanto de Sweet Little Thing

3.10.17

Prólogo

Si solamente mi mochila fuera más grande sería más fácil esconder los regalos que conseguí hoy. Era dulce que los chicos pensaran en mí. Me encantaba especialmente el osito de peluche con el “Be Mine” en el corazón rojo de su mano. El peluche era tan suave y bonito. Nunca me habían dado algo así antes. Los chocolates y el collar con forma de corazón eran bonitos, pero el oso era mi favorito.

Mantenerlos cerca de mí para ocultarlos mientras tomaba el autobús a casa era la parte difícil. Tenía que hacerlo porque tenía miedo de que alguien se los llevara. Ya me había preparado para entregar el collar y los chocolates primero si Harriet Boyd venía detrás de mis cosas. Ella era quince centímetros más alta que yo y fuerte como un niño. Estaba bastante segura de que el conductor del autobús, Ms. V, también tenía miedo de Harriet. Llegar a casa con el osito de peluche rosa que Davey Eaton me dio era mi objetivo. De los otros regalos podría separarme.

Davey era lindo. También era rico y popular. Me imaginé que el oso costaba mucho. No se parecía a los que había visto en la farmacia o en la tienda de comestibles todo el mes. Era especial, el tipo de especial que nunca había conseguido y probablemente nunca volvería a tener. Por lo tanto, estaba manteniendo cerca. De los tres chicos que me dieron regalos de Día de San Valentín, no me gustaba uno más que el otro. Todos los chicos eran amables conmigo y parecían gustarme. Lo sabía antes de que me dieran regalos.

Mamá me dijo que no me preocupara sobre los novios en el tercer grado. Pero después de conseguir los regalos, pensé que podría necesitar elegir uno. Tal vez esto les impediría pelear por quién se sentaría a mi lado en el almuerzo. Eché un vistazo rápido a mí alrededor. Nunca hice contacto visual con Harriet, si era posible. Su voz era tan fuerte, que sabía que estaba a sólo unas cuantas filas detrás de mí. Ella estaba burlándose de alguien por su cabello.

Mi parada de autobús era la siguiente. Necesitaba llegar a mi parada y luego estaría libre. Segura de su intimidación y posiblemente del robo de mis regalos. Harriet no me había molestado demasiado este año. Había una chica que se sentaba tres filas atrás en el autobús, tenía el cabello rojo y sus dientes y sus dientes se asomaban un poco lejos en el frente. Harriet era mala con ella. Ojalá fuera más grande. O mayor. De esa manera yo podría tomar a la chica de tres filas atrás. Pero yo era más pequeña que Harriet y más joven. Nada de lo que dijera la persuadiría. Y hoy tenía un oso de peluche que necesitaba llegar a casa con seguridad.

El autobús se detuvo en frente de mi parque de remolques.

Lo hice.

Miré a la chica que Harriet estaba molestando. Quería decir algo para ayudar a la otra chica. Pero el oso en mis manos me impidió hacer nada. No es que cualquier cosa que podría haber hecho habría ayudado de todos modos.

Rápidamente salí del autobús, corriendo por el camino de grava que estaba lleno de robles y latas aleatorias de cerveza vacías. El pasto estaba demasiado descuidado y había hormigas amontonadas a ambos lados del camino. No estudié nada de eso mucho tiempo porque tenía prisa.

El gran remolque azul que llamaba casa se decoloró por el sol. Me imagino que fue bonito en un momento dado, pero tenía que haber sido hace años. Ahora era viejo y la mayor parte del revestimiento estaba roto o desaparecido. Mamá dijo que el tráiler era todo lo que podía permitirse en alquiler. Tenía un aire acondicionado que nos refrescaba en el verano y teníamos un viejo calentador que nos calentaba en el invierno. El techo funcionaba bien. Pensé que lo que teníamos estaba bien.

Cuando entré en el pasto descuidado en frente de nuestro remolque, la puerta de entrada se abrió. 

—¡Beulah! —La voz aguda de mi hermana atravesó el patio cuando ella gritó mi nombre.

Heidi aún no iba a la escuela, aunque sólo teníamos tres minutos de diferencia en edad. Mamá dijo que estaría lista para la escuela en unos pocos años. Me preocupaba mucho que Heidi nunca comenzara, pero mamá dijo que había clases especiales para ella. No había visto estas clases especiales y esperaba que mamá tuviera razón.

—Te tengo una sorpresa, —le dije a Heidi cuando la encontré a mitad de camino cuando ella corrió a abrazarme como lo hacía todos los días. Heidi era mi persona favorita, incluso sobre nuestra mamá. Ella era feliz no importaba qué. Ella te amaba incluso cuando tenías un mal día y actuaste feo. Ella era la persona perfecta y deseé que todo el mundo fuera como Heidi. Me preguntaba por qué mamá decía que ella era lenta y no encajaba con todos los demás.

Ella aplaudió y gritó encantada. —¿Qué? —preguntó ella. Me gustaba hacerla feliz. Sabía que en el momento en que me dieron este oso hoy, a Heidi le encantaría. Introduje mi mano en la bolsa de libros y saque el oso. Justo como lo había imaginado, sus ojos se iluminaron cuando ella lo agarró, abrazándolo fuertemente. Debido a la mirada en su rostro le diría a Davey mañana que yo sería su novia, él había hecho sonreír a mi hermana.

—¿Para mí? —preguntó ella con los ojos muy abiertos. 

Asentí. —Sí. Para ti. Feliz Día de San Valentín, —le dije. Aunque sabía que ella no entendía, como si no entendiera o no le importara cómo me dieron el osito de peluche. 

Ella lo abrazó, metiendo el osito de peluche debajo de su barbilla.


—Te amo, Beulah —dijo ella contra los oídos del oso que estaba presionando en su boca.

—Te amo, Heidi —le dije.

Su sonrisa era tan grande que sonreí también. Era una sonrisa que sólo Heidi podía darte. Aquella en la que, sin importar lo que estuviera mal con el mundo, sabías que estaba bien. No recordaba que Heidi no lo fuera. Ella era mi gemela. Mi hermana. Mi otra mitad. Pero ella era diferente. No podía vivir la vida como yo. Tenía que hacerlo de otra manera. Todo porque ella era un ángel especial que Dios había enviado a la tierra. Sabía que eso era cierto. Y sabía que siempre haría cualquier cosa por cuidar de ella.

Capítulo Uno.

10 años después…

Hoy debe ser especial, pero era como cualquier otro día. Sólo otro día en que yo existía, como todos los demás durante los últimos seis meses. Manteniendo la cabeza baja y haciendo todo lo que se me pedía, era la única manera en que podía asegurarme de que todo lo importante para mí estuviera a salvo. Protegido.

Me despertaba cada día con una misión y esperando que eventualmente mi vida se pondría mejor. Que mi situación actual no fuera para siempre.

—Beulah, por Dios, ¿podrías darte prisa con mi café y empezar a trabajar en la habitación de Jasper antes de que llegue a casa? No lo he visto en más de ocho meses. Su habitación necesita ser perfecta. No es que se quede mucho tiempo, —dijo Portia Van Allan desde el comedor.

Portia no comía. Al menos, no comía a menudo. Bebía café y bebía vino. Debido a esto, no se esperaba que cocinara para ella. La lista de deberes que ella me hacía diariamente era suficiente para mantenerme ocupada desde el momento en que el sol saliera a bien después de que se ocultara.

—Sí, señora, —respondí mientras terminaba de hacer el café de la cafetera francesa. Se tomaba el tiempo para preparar el café a diferencia de una cafetera regular. El artefacto de vidrio también sólo hacia una taza de café. Era una de las muchas cosas de las que nunca había oído hablar hasta que me vi obligada a tomar la posición de criada en su casa. Cuando mi madre me dio el nombre y la dirección de Portia en un pedazo de papel sólo un día antes de que fallecimiento, nunca le pregunté quién era Portia. Yo estaba tan asustada y en la negación debido a la enfermedad de mi madre, que no era importante en el momento.

El día después de que mi madre fue enterrada, el propietario vino a decirnos que debíamos dos meses de alquiler del remolque en el que vivíamos, y aunque él estaba muy triste por nuestra pérdida, teníamos que pagar o mudarnos. Había llevado a Heidi conmigo a la dirección de Portia Van Allen ese día, sin saber qué esperar. Su casa, donde ahora vivía y trabajaba, ni siquiera estaba cerca de lo que yo había esperado.

—Sé que no se quedará en la casa mucho tiempo, pero mientras está aquí le harás de desayunar. Le pediré que te deje una lista de lo que come. No puedo recordarlo porque nunca cociné para él. Hicimos que alguien hiciera eso. A su padre le gustaba la tostada francesa, lo recuerdo. —Las palabras de Portia se apagaron. 

Ella levantó la vista mientras le entregaba su taza de café, inspeccionando el café con gran escrutinio.

—Esto sé ve más oscuro que de costumbre. —Ella frunció el ceño aunque no había líneas de ceño fruncido en su rostro. Estaba segura de que el Botox era la razón. No estaba segura de su edad, pero tenía un hijo en la universidad.

—Lo hice de la misma manera que lo hago todas las mañanas. —Argumentar con Portia nunca era una idea sabía, pero a veces no podía evitarlo. Como en este momento.

Ella empezó a abrir la boca cuando el ruido de la puerta de la calle la detuvo. Voces altas y risas resonaron por el pasillo, seguido por el sonido de pasos ruidosos.

Confundida, miré de regreso a Portia.

Estaba sentada con la espalda recta, escuchando. —¡Él está aquí! ¡Mierda!

Asumí que “él” era su hijo ya que nadie entraba en esta casa sin una llave. Ni siquiera podían pasar la puerta de privacidad sin un código.

Se levantó de un salto y parecía frenética. —Él tiene compañía. Necesito vestirme. —Se apresuró a subir por la escalera de atrás que conducía al dormitorio principal. —Aliméntalos. Ocúpate de ellos, —fueron sus últimas palabras antes de que desapareciera en la esquina. Su café negó de la cafetera francesa fue olvidado en la mesa.

No estaba lista para enfrentar a un desconocido Van Allen. La que yo conocía no era exactamente una persona agradable. Había esperado no tener que ver a su hijo tanto tiempo mientras él estaba en casa. Sólo cuando sirviera su desayuno, tal vez. Pero esto…. Esto no era lo que había planeado.

Caminé por el pequeño pasillo que separaba la cocina del comedor y me metí en la cocina para esconderme hasta que su hijo y el que estuviera con el subieran. Tal vez buscara a Portia. Dios sabía que no buscaría en la cocina.

Cuando entré en la cocina desde la entrada del comedor, la entrada opuesta se abrió. 

—Mi madre no come, pero ella sabía que yo estaba viniendo así que debería haber algo. Ayúdense, pero si hay algo de pastel de mantequilla de maní de Ms. Charlotte aquí es mío. —Estaba hablando con el grupo caminando con él en la cocina.

Había visto fotos de la familia alrededor de la casa. Sabía que Jasper Van Allen era guapo. Sin embargo, al verlo en persona, su cabello rubio desordenado como si acabara de pasarse su mano y la forma en que su ropa se ajustaba a su esbelta pero musculosa construcción era un espectáculo para ver.

Él se giró de la gente que lo seguí, me vio y se detuvo. Me miró lentamente y me sentí nerviosa. No me gustaba que me estudiaran. Y no tenía idea de qué decirle. No había hecho contacto visual todavía, pero había tres chicos detrás de él. Podía ver sus cuerpos pero no los estaba mirando. 

—Tú no eres Ms. Charlotte, —fueron las palabras que pronunció finalmente rompiendo el súbito y torpe silencio.

No, no lo era. Yo era su reemplazo. Se había retirado y se había mudado a Florida con su nieta.

Yo estaba a punto de decirle cuando él dejó escapar una risa corta y sin gracia. —Supongo que no voy a conseguir ese pastel de mantequilla de maní.

—Si quieres desayunar, podría hacerte algo, —le dije, esperando que él tomara la indirecta de que no quería cocinar para ellos y me iría.

—¿Quién demonios eres tú? —él preguntó con disgusto. —Portia no es una persona de contratar chicas calientes que no saben cómo hacer mierda.

Yo había pensado que era atractivo. Por un momento. Ese momento había desaparecido.

—Beulah Edwards. Tomé el lugar de Ms. Charlotte cuando ella se retiró. —Quería decir más, para informar a su elitista culo arrogante que eran tan buena como Ms. Charlotte. Pero no estaba segura de que fuera una afirmación verdadera, así que me limité a mantener mi lengua.

—¿En serio? Jesús, ¿está mi madre tomando el maldito bourbon otra vez?

Los chicos detrás de él rieron como si lo que él había dicho fuera divertidísimo. Todavía no había mirado a los otros. Alzándome y sosteniendo mis hombros hacia atrás, giré con mi mirada ahora enojada para mirar al resto de ellos. Eran iguales. Altos, atléticos, ricos y su arrogancia colgaba sobre ellos como una cadena dorada. No sabían nada de trabajo ni del hambre. No conocían el miedo. No sabían nada más que una vida fácil. Normalmente no odiaba a nadie por esas razones, pero este grupo me estaba haciendo pensar que la élite era una enfermedad.

Noté que uno de ellos no se reía. Se parecía a ellos y se vestía como ellos. Tenía un aspecto mejor que el que era justo como ellos. Pero él era diferente. En lugar de usar una mirada de diversión, parecía aburrido. Como si estuviera honrando a todos los demás con su presencia era una pérdida de su tiempo. En cierto modo, su expresión era más humillante que la risa.

—Sólo merlot. Todas las noches. Tres o cuatro vasos dependiendo de su estado de ánimo. —Quería parecer tan aburrida como el chico de cabello oscuro. Como si no me afectara y como si esta conversación fue una pérdida de mi tiempo. Porque lo era.

Jasper Van Allen sonrió entonces. —Bueno, Beulah, ¿puedes hacer omelets? ¿Tocino? ¿O hay algo de eso en esta casa?

Portia me había enviado ayer a la tienda de comestibles con una extensa lista de artículos para la cocina. —Sí, a los dos. Y sí, tenemos esas cosas.

—Portia debió de tener comida hecha, —dijo volviéndose para mirar a los chicos con él. —Podemos llevar nuestra mierda a la casa de la piscina. —La casa de la piscina no eran donde Portia esperaba que Jasper se quedara. Tampoco esperaba que llegara con invitados. No esperaba que ninguna de estas cosas la hiciera muy feliz. Ella estaría haciendo estallar uno o más de las pastillas blancas que comía como dulces una vez que se enterara de los planes de Jasper.

—La casa de la piscina no ha sido preparada. Tu madre esperaba que te quedaras en tu habitación. —No es que su habitación estuviera preparada ya que había llegado temprano.

Jasper hizo una pausa en su retiro y se volvió para mirarme. No me gustó la sonrisa en su rostro, o el brillo de diversión con un toque de lástima en sus ojos. —Portia no posee esta casa, así que diría que no importa lo que ella espere.

No me explicó más. Se volvió y salió de la habitación. Los demás lo siguieron. Me quedé allí preguntándome qué había querido decir con exactitud porque la seguridad de Heidi descansaba sobre los hombros de Portia.

Capítulo 2

Mientras hacía los omelets y el tocino, traté de averiguar lo que quería decir cuando dijo que Portia no era dueña de la casa. ¿Quién más la poseería? ¿Estaba en problemas financieros? Esa era mi principal preocupación porque la necesitaba. Heidi y yo la necesitábamos. 

—¿Cuántos están aquí? —preguntó Portia mientras entraba en la cocina vestida como si estuviera a punto de hacer una sesión de modas para una revista.

—Tres, además de Jasper, —le dije cuando levanté la vista del último omelet en la sartén.

—Pequeña mierda. Podría haberme dicho que traía amigos a casa. No estaba preparada para entretener a nadie. —Ella paseó de un lado a otro y tomó un vaso en su mano. El vaso era del bar, un vaso de whisky con líquido ámbar. No vi cuál era el problema, pero había aprendido que Portia era una mujer dramática. —¿Están todos en la casa de la piscina? —preguntó mientras miraba la puerta que conducía en esa dirección.

—Sí.

Ella suspiró. —Bueno, ahí está. Pueden beber y dar sus fiestas por ahí. Pensé que sus días de traer a casa a sus hermanos de la fraternidad habían terminado. Que ya era hora de que asumiera sus responsabilidades. Pero no. Él trae a casa, —ella agitó su bebida en la dirección de la casa de la piscina, —a ellos.

Había varias preguntas que volaron a través de mi mente. ¿Por qué era tan malo que Jasper trajera a sus amigos a casa? ¿Ella no esperaba que Jasper se quedara para una corta visita y se fuera de todas formas? ¿Qué responsabilidades debía asumir Jasper?

Mantuve mi lengua y no hice ninguna pregunta. Sus problemas no eran de mi incumbencia y ella me lo haría saber si le preguntaba.

***

Cuando añadía fruta fresca a los platos con sus omelets, los chicos caminaron de nuevo a la casa. El sonido de sus voces saliendo del comedor.

Les serví, descubrí lo que querían beber y luego me dediqué el resto de mi día a la limpieza y todo lo que Portia me pedía.

Espero que no tuviera que limpiar la casa de la piscina.

—Ve a darles de comer, —ella dijo con una mirada amarga mientras señalaba en dirección a los cuatro chicos. —Mientras están comiendo, ve afuera y prepara la casa de la piscina. Cuando hayas terminado con eso, compra alimentos y cosas para el bar di ahí también. Cuanto menos tengan que entrar dentro de la casa mejor. —Con eso ella giró en sus talones y caminó fuera de la cocina pero no antes de poner su bebida abajo. Supongo que no quería que Jasper la viera beber antes del mediodía.

Cogí los dos primeros platos y seguí detrás de Portia hasta el comedor. —Hola, Jasper. Lamento no haber estado preparada para tu llegada temprana, —dijo Portia como si estuviera encantada de verlo. —Sterling, Tate, Winston. Estoy tan contenta de que ustedes pudieran venir a visitarnos. Espero que todos estén bien. 

¿Jasper, Sterling, Tate y Winston? ¿Esta gente no tenía ningún Henry, Chad, Jack o Tim? Nuna había oído nombres como los suyos. Sin embargo, mi clase de último año tenía tres Chad, tres Hank, tres David y dos Jack.

Entonces otra vez, mi nombre era Beulah, así que quién era yo para hablar. Mi hermana tiene el mejor nombre. Que encaja porque de las dos de nosotras ella era la mejor. Heidi era perfecta. Si el mundo pudiera amar como ella, encontrar la alegría como lo hacía, y sonreír con su sonrisa, todos seríamos mucho más felices.

—Sí, señora —dijo el amigo pelirrojo de Jasper. —No estaba segura de cuál era su nombre. —Madre dijo que las dos ganaron un partido de tenis la semana pasada. Felicitaciones por eso.

Portia jugaba al tenis todos los días. Fue una de las muchas actividades que hacía con sus amigos. Ella sonrió ante su reconocimiento. Noté que Jasper rodaba sus ojos. Entonces sus ojos se cerraron con los míos y él guiñó un ojo. Alejé la mirada y puse la comida delante del pelirrojo y del hombre elitista de cabello oscuro, que seguía quieto y parecía estar mirando por la nariz a todo el mundo. Como si nadie estuviera a su nivel, o pudiera alguna vez esperar estarlo.

—Gracias, Tate. Lo merecíamos por supuesto. Camille y yo hemos trabajado tan duro. 

Deje la habitación para ir por los otros dos platos de comida. La pequeña conversación continuó mientras Portia seguía hablando de su juego de tenis. Cuando volví con la última comida, Portia se había sentado al final de la mesa frente a Jasper.

—Necesitaré una taza fresca de café —ella me informó.

—Sobre eso. ¿Qué le paso a Ms. Charlotte? ¿Y quién es ella? —No mire en su dirección, aunque todo mi cuerpo se tensó. Él no estaba contento de que estuviera aquí. Había hecho todo lo que me había pedido hasta ahora, pero eso no parecía importar.

—Charlotte se retiró. Se mudó para estar cerca de sus nietos. Se estaba haciendo mayor, Jasper. Necesitaba más ayuda de la que podía proporcionar.

—¿No pensaste en preguntarme antes de reemplazarla? —El tono de su voz no era lo que yo esperaría de un hijo que le hablaba a su madre. Era más una amenaza. O corrección. Como si fuera el jefe y ella fuera una empleada.

—No seas tan maleducado con tu mamá —dijo Tate, regañando a Jasper. Tenía que estar de acuerdo. Portia no era la mujer más linda que conocía, pero nos había tomado a Heidi y a mí sin ninguna pregunta o explicación. Ella lo hizo. Le debía tanto por eso.

Jasper, sin embargo ignoró el comentario y siguió mirando a su madre. Luego volvió su atención hacía mí.

—Necesitaremos bebidas si no queremos ahogarnos con nuestra comida.

Sentí mi rostro calentarse con el tono desagradable en su voz.

—Lo siento. Esperaba que tu conversación terminara antes de que yo te interrumpiera para preguntarte qué podía conseguirte.

—Está bien, amor. Él solo esta irritable porque su novia Maisie terminó las cosas con él mientras ella esta fuera socializando en Europa por el verano. Él recuperará pronto su corazón roto y será tan encantador como siempre. Y yo soy Sterling por cierto. —Sterling tenía una bonita sonrisa que mostraba perfectos dientes blancos. Su cabello castaño tenía rayas de solo de oro en el. Al igual que los demás, parecía que pertenecía a este conjunto. Pero él era agradable.

—¿Maisie terminó las cosas? ¿Sus padres lo saben? —Portia parecía horrorizada.

—Es una mujer de veintiún años, madre. No creo que importe si sus padres lo saben o no. Ahora dejemos el tema.

—Tomaré un cabe. Negro —me dijo Sterling con una sonrisa amable.

—Igual —dijo Tate desde el otro lado de la mesa.

—Leche —Jasper agregó, volteando su mirada hacía mí, una pequeña sonrisa peresosa tocó sus labios. Era extraño. Su actitud pasó de enojado a agradable tan fácilmente.

Me giré para mirar al tipo tranquilo. El que tenía que ser nombrado Winston desde que los otros nombres habían sido tomados. Me puso nerviosa. Su aburrimiento hacía sentir como si juzgara todo en silencio.

—Agua —dijo sin hacer contacto visual conmigo. Su indiferencia me hizo sentir como si yo no existiera. Yo estaba debajo de él. Se estaba asegurando de que el mensaje se emitiera en voz alta y clara.

Me apresuré desde la habitación con sus órdenes de bebidas. Cuando empecé a servir mesas en Pizza Pit hace cuatro años, había estado encantada de conseguir ese trabajo. Ahora estaba agradecida de haber tenido la experiencia. Porque nunca, ni una vez en esos años de soñar despierta había pensado que estaría sirviendo a gente como esta. Se suponía que debía estar en la universidad para obtener mi grado de enfermera. Y mi madre debía vivir mucho tiempo. Se suponía que estaría allí para verme crecer y hacer mi camino en el mundo. Y estar siempre allí para Heidi. Se suponía que mamá y Heidi eran mi hogar. Nunca había imaginado que este sería nuestro futuro.

Mi sueño de algún día trabajar en la sala de pediatría de un hospital nunca se haría realidad ahora. Tenía más de qué preocuparme que los sueños perdidos. Cuando mi madre murió, me dejó a Heidi. Y no dejaría que nada sucediera para quitar esa sonrisa del rostro de Heidi. Un rostro que debería haber sido como el mío. Aunque nuestros ojos eran del mismo color, no mucho más era igual. Heidi era diferente, pero muy hermosa también.

No usé la cafetera francesa para los cafés porque no preguntaron. Utilicé la máquina de lujo que normalmente estaba en el mostrador de la cocina recogiendo polvo para hacer que cada uno de ellos tuviera una taza de café mientras yo hacía el de Portia, de la forma en que ella siempre insistía. Tomé una de las tazas heladas del congelador que Portia me había dicho que eran para la leche de Jasper hace dos días cuando me pidió que las congelara. Pensé que las tazas heladas sonaban bien. Leche helada. Casi usaba uno para el agua que el Sr. Soy-Muy-Bueno-Para-Los-Otros había pedido, pero decidí que no. No merecía ningún trato especial.

Rodando un carro de la despensa, lo usé como una bandeja de bebidas, colocando cada una de las bebidas en el. Me estaba pateando porque debería haber usado este artefacto para sus comidas. Podría haber tomado las cuatro placas a la vez, pero no había pensado en el carro hasta que entré en la despensa para conseguir las tazas de café y lo vi allí.

Caminando de regreso al comedor oí a Portia decir. —¿Todo el verano? ¿Pero por qué? Tú normalmente viajas en verano.

Mi estómago cayó. Seguramente no quería decir que Jasper planeara quedarse aquí todo el verano. Unos días de esto podría aguantarlos, pero ¿un verano entero?

Cerré mis ojos brevemente y vi la dulce sonrisa de Heidi. Yo no podría hacer esto. Podría hacer cualquier cosa.

Capítulo 3

Me dieron un día libre cada semana para visitar a Heidi. El lugar que Portia pagó para que ella tuviera un día familiar en domingo, y yo la visitaba lloviera o saliera el sol. Comimos el picnic que había preparado, afuera bajo los árboles de roble en la casa. Jugamos kickball y empujé a Heidi en uno de los muchos columpios en el gran patio trasero.

La instalación siempre estaba llena de familias y visitantes. Heidi tenía un amigo, sin embargo, nunca tenía visitas familiares. Ella también tenía síndrome de Down. Su nombre era May.

Se molestaba Heidi cuando May se quedaba sola, así que la hicimos una parte de nuestra familia. Le di las mismas galletas especiales que le daba a Heidi y ella jugaba con nosotras todos los domingos. Era lo que esperaba cada semana. Era todo lo que yo esperaba.

Pero hoy, no podría ver a mi hermana. Hoy perdería mi visita. Cuando llamé a Heidi para explicarle, estaba triste. Ella no lo dijo, pero su voz era más silenciosa. Me dolió tanto mi corazón. Odiaba esto. Yo también odiaba a la gente afuera en la piscina que me impedía visitar a mi hermana. Todos eran mimados, ricos, groseros y llenos de sí mismos. Todos ellos.

Para aumentar el caos, los cuatro chicos se habían multiplicado. Cuando la música se había vuelto más ruidosa, la zona de la piscina y la casa se hicieron más concurridas. La parte trasera de la casa estaba llena e invadida por los invitados que Jasper había traído.

Yo había estado corriendo dentro y fuera de la casa principal, manteniendo cubos de hielo llenos con hielo fresco, asegurándome de que había cerveza disponible y que el bar estaba abastecido de suministros para bebidas mixtas. Cuando una rubia que parecía usar una hamburguesa me pidió que le trajera un vaso de agua con gas y me asegurara de que las burbujas fueran diminutas, casi la empuje a la piscina.

¿Cómo se supone que haga burbujas diminutas? ¿La tenía que servir de una manera específica? ¿O posiblemente escupir en ella? Porque me gustaba la idea de escupir en ella.

Volviendo a entrar, casi me encontré a Portia, que de nuevo tenía un vaso de whisky en la mano. Eran poco más de las dos de la tarde. No estaba juzgando, pero me preguntaba si esta visita iba a llevarla al alcoholismo.

—Puedes ir mañana. No todo el día, por supuesto. Pero por unas horas, —me dijo Portia, disculpándose. 

Me detuve. Entonces la miré y asentí con la cabeza. —Gracias. —Ella sabía que estaba molesta y sabía por qué. Otra razón por la que sentía que Portia no era mala.

Ella hizo una mueca. —No. Sólo digo que puedes irte por unas horas. Llamarán si no la visitan. Preferiría no lidiar con el drama. —Con un movimiento exagerado de su falda, se alejó. La forma en que su cabello rubio flotaba mientras ella se movía me recordaba a mi madre. Extrañaba a mi madre. Ella no era nada como Portia, pero ese movimiento me hizo recordar un momento más feliz. Incluso si era Portia la que me lo recordó.

El dolor en mi pecho se alivió sabiendo que vería a Heidi mañana. Podría tomar pastelitos, ella los ama. Eso no compensaría lo de hoy, pero al menos eso la haría feliz y se sentiría especial y querida. Nunca quise que se sintiera olvidada. Mamá nunca la había hecho sentir diferente a otros niños. Sabía que la casa en la que vivía la hacía sentir diferente ahora. Pero no había otra opción. Portia no la quería en su casa.

—¿Conoces la diferencia en agua con gas? —Me preguntó una voz profunda. Asombrada, me volví para mirar a Winston parado sin camisa. Llevaba un par de shorts que colgaban de sus caderas mostrando una musculosa construcción que era difícil no mirar. Pero no me disgustaba lo suficiente como para ignorarlo.

—¿Por qué? —Le pregunté mientras me alejaba.

Él no respondió y seguí caminando. Él no era mi jefe. Era el amigo grosero. No sentía la necesidad de escucharlo burlarse de mi falta de conocimiento del agua con gas.

Podía sentirlo detrás de mí. Ojalá no lo hiciera, pero aparte de dar la vuelta para decirle que se fuera, me quedé atrapada con él. Y Jasper no se preocupaba por mí. Al menos, esa era mi suposición. Él quería a Ms. Charlotte y yo no era ella. Hacer que sus amigos se enfadaran no me ayudaría a mantener este trabajo. Necesitaba hacer que a este chico le gustara o al menos me aprobara.

Abriendo la nevera que contenía cantidades ridículas de diferentes aguas, espumosas, minerales y de manantial, alcancé la Perrier porque el tamaño diferencial de las burbujas no tenía sentido.

—La Croix, no la Perrier, —dijo Winston desde donde estaba mirando detrás de mí. —Pequeñas burbujas. Es un sabor más fresco. No creo que Isla sepa la diferencia.

Yo quería ignorarlo, pero no quería lidiar con Isla si le daba el agua equivocada, así que volví a poner la Perrier y agarré La Croix. —Gracias, —le dije a regañadientes, y luego di la vuelta para dirigirme hacia atrás.

—Necesitarás un vaso con hielo para darle con eso. —Él tenía razón. Debería haber pensado en eso, pero su presencia me molestó así que me escapé. Sin mirarlo, volví a la cocina y cogí el vaso y el hielo mientras él permanecía allí. ¿Estaba esperando para ver si había algo más que pudiera corregir para mí? 

Antes de salir de la cocina de nuevo, habló. —Él empezará a coquetear contigo. No lo quiere decir. Es Jasper. Pero cuando coquetees de vuelta, te habrás ido. Esa es la ayuda.

Quería decir muchas cosas en ese momento. Quería tirar el vaso de hielo que tenía en su rostro. Quería decirle que me besara el culo. Quería decirle que no coqueteaba con tipos como ellos. Pero me mordí la lengua porque mañana tenía planes. Tenía a alguien en mi vida y eso era más importante que todas las palabras duras que podía decirle

Empecé a alejarme de nuevo. Tenía la esperanza de escabullirme sin oír su profunda voz sureña que decía palabras más humillantes que daba con lo que sería un sonido atractivo.

—No quise ofenderte. Pero las chicas como tú tienen esa mirada en sus ojos. Ves un cuento de hadas. Uno que esta vida no tiene para ti. Pensé en detenerlo antes de que cometieras un error.

Parecía que cada vez que abría la boca sus palabras eran más ofensivas. ¿Pero él dice que no quiere ofenderme? ¿En serio? Caminar lejos era lo que debería haber hecho. Pero no fue lo que elegí hacer.

—No me conoces. —Me detuve de decir nada más. No me conocía ni lo merecía. Retuve las otras palabras que permanecían, amenazando con derramarlas y decirle exactamente lo que pensaba de él.

Él me dejo ir cuando me alejé sin ser grosero, ofensivo y sin sentido de la basura de su demasiado atractiva boca.

Afuera la música era casi ensordecedora y yo no tenía ni idea de cómo alguien era capaz de oír a la persona a su lado hablando. Dos chicas habían decidido ir en topless y estaban sentadas en el borde la piscina salpicando el agua con un nuevo chico que había llegado, Tate. Escrudiñé a la multitud para encontrar que Isla se había movido de su lugar anterior y ahora estaba envuelta alrededor de Jasper. Todavía estaba en el diminuto bikini que llevaba puesto, pero pensé que pronto bajaría su top. Especialmente si la atención de Jasper se mantenía en la rubia topless coqueteando con Tate.

—Tu agua burbujeante, —dije que no quería que Jasper me viera y pensara que estaba allí para preguntarle algo.

—Oh, —dijo volviéndose para tomarme el agua. No se veía emocionada por tener que dejar de toca a Jasper. Sentí su mirada en mí pero no hice contacto visual.

—Gracias, Beulah, —él dijo sorprendiéndome.

Le eché un vistazo y le di una pequeña inclinación de cabeza antes de girar para alejarme. No estaba coqueteando, sólo estaba siendo amable. Pero las palabras humillantes de Winston todavía vagaban por mi cabeza. Tendría cuidado en caso de que hubiera alguna verdad en eso. No quería que me acusaran de coquetear. Eso era lo último que quería o necesitaba.

—Necesitamos más hielo para la cerveza, —gritó una voz masculina. Me apresuré a hacer eso. Luego fui a hacer un chico un sándwich de queso a la parrilla con patatas fritas. Cuando entregué eso, más de los individuos comenzaron a dar órdenes similares. El día iba y venía. Una empresa de catering apareció a las cuatro para servir la cena. Ayudé al catering a servir la cena y esperaba que la fiesta terminara pronto.

Muy pocas chicas llevaban tops. Algunas incluso les faltaban la parte de abajo. Tres chicos también estaban desnudos. Nunca había visto tantos cuerpos desnudos en mi vida. 

—Quiero ver a esa en topless, —gritó un chico borracho mientras colocaba otra bandeja de camarones en galletas cerca de la cabaña. Me volví para verlo señalándome.

—Ella es la ayudante idiota, —le dijo una chica.

—Quiero saber dónde joder Jasper contrató ayuda que se parece a eso. Tomaré cinco o diez.

—Estás borracho Auden, —la voz de Jasper vino de mi izquierda. Mucho más cerca de lo que esperaba. Él estaba descansando con Isla a su lado y como supuse antes, ella estaba en topless. Ambos tenían bebida y su mano estaba ahora dentro de su bikini, extendido sobre la parte baja.

—No me digas que no quieres verla desnuda, —él dijo riendo.

—Eso será todo por esta noche, Beulah. Puedes irte a tu habitación. —El tono de Jasper sonaba como si estuviera hablando con un niño. Sin embargo, asentí con la cabeza y reuní mi auto respeto cuando regresé a la casa con mis hombros rectos y mi cabeza en alto.

Lloraría más tarde, pero lo haría en la ducha cuando me lavé el día y pueda estar a salvo.

20 comentarios:

  1. Ohhhh k bueno k está.. Pero me hace recordar a sadie y jax stone..

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    1. Solo se parecen en que son jefe y empleada domestica, pero Jax nunca fue grosero ni presuntuoso con Sadie

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  2. ¿Toda la trilogía será de los mismos personajes?

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  3. OMG! Estos adelantos son como comida para una persona a dieta: una obsesión. Gracias miles

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  4. Totalmente a mi me paso lo mismos, por eso traté de buscar alguna conexión con ellos. Igual no me hace dejar de querer leerla.

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  5. Genial me encanto el adelanto

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  6. Queeee!!!!! para cuando todo el libro. por lo pronto no dejo de ompararla con jax y sadie

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  7. Ohhhh cuando lei la sinopsis no me atrajo tanto, pero con la historia de San Valentín me enamoré, estoy segura será hermoso el libro. Ya amo a Beulah y Heidi
    Gracias por subir el avance. !!!

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  8. ME GUSTO, PERO COINCIDO CON LAS CHICAS ES IMPOSIBLE NO COMPARARLA CON SADDIE Y JAX.
    QUIERO MAS!!!!

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  9. Yo la relacionó con dos libros la de blaire y Rush pero como ustedes dicen también esta relacionada con la de sadie y jax

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  10. Abby Glines es una de mis autoras favoritas...espero con ansias esta nueva entrega y ojalá pronto en español.

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  11. No puedo esperar por el segundo libro ! Jasper ❤

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  12. ya qiero leerlo completo es una tortura la espera

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